Antonio Valero de Bernabé

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Antonio Vicente Miguel Valero de Bernabé Pacheco (26 de octubre de 1790 – 7 de junio de 1863), alias El Libertador de Puerto Rico, fue un líder militar puertorriqueño. Formado en España, luchó con el Ejército español para expulsar de España al líder francés, Napoleón, y fue ascendido a coronel durante estos años. Algunos historiadores han adoptado una variante de su nombre, Manuel Antonio Valero, pero no está presente en la documentación oficial ni fue utilizada por él.

Valero de Bernabé se había graduado recientemente de la academia militar cuando Napoleón convenció al rey Carlos IV de España para que permitiera al líder francés pasar por España con su ejército para atacar Portugal. Cuando más tarde Napoleón se negó a abandonar suelo español, el gobierno declaró la guerra. Valero de Bernabé se unió al ejército español y luchó como oficial de la División Murcia de España, y ayudó a derrotar al ejército de Napoleón en el Sitio de Zaragoza (1808) en la Guerra Peninsular, también conocida como la Guerra de Independencia Española. Durante este conflicto participó en la defensa del Arrabal, manteniendo su puesto a pesar del avance francés y siendo hecho prisionero a consecuencia de ello. Tras esta acción, Valero de Bernabé recibió numerosas condecoraciones y ascendió al grado de coronel a los 19 años.

Cuando Fernando VII asumió el trono de España en 1813, Valero de Bernabé se volvió crítico con las políticas del nuevo rey hacia las colonias españolas en América Latina. Desarrolló un profundo odio hacia la monarquía, renunció a su cargo en el ejército y en 1821 emigró a México con su familia. Allí se incorporó al Ejército de las Tres Garantías encabezado por Agustín de Iturbide, y fue designado como Jefe de Estado Mayor. Luchó con éxito por la independencia de México de España, lograda en 1821, tras lo cual el pueblo proclamó a Iturbide Emperador de México, obteniendo el rango de General de Brigada. Dado que Valero de Bernabé había desarrollado sentimientos antimonárquicos tras sus experiencias en España, encabezó una infructuosa revuelta contra Iturbide. Huyó del país, pero fue capturado por un pirata español y entregado a las autoridades de Cuba, donde fue encarcelado. Valero de Bernabé escapó de la cárcel con la ayuda de un grupo de partidarios de los secesionistas de Sudamérica.

Se unió a Simón Bolívar para luchar por la independencia de las colonias de América Central y del Sur de España. También apoyó la independencia de Puerto Rico y Cuba. Al igual que Bolívar, abogó por la formación de una federación de naciones latinoamericanas. Tras desempeñarse como Jefe de Operaciones contra la facción liderada por Tadeo Piñago, quien fue derrotada y muerta en combate, Valero de Bernabé fue ascendido a General de Brigada. Fue nombrado General en Jefe de los ejércitos en las provincias de Aragua, Caracas y Guárico, lo que implicó acciones en Boca Chica, Jengibre y San Francisco de Tiznado. Valero de Bernabé lideró su división en la fallida revolución organizada por Falcón. De allí emigró a Colombia y llegó a Bogotá. El Presidente Mosquera lo nombró Comandante en Jefe de la 1.ª División y Jefe Militar del Estado de Boyacá. Valero de Bernabé fue a la vez padre fundador de Venezuela y del Partido Federal de Venezuela. Falsamente acusado de conspirar contra Bolívar, fue enviado al exilio con su familia. Cuando Bolívar murió en 1830, a Valero de Bernabé se le permitió servir como guardia de honor en su funeral. Permaneció políticamente activo hasta su propia muerte.

En una carrera que abarcó seis décadas, desarrollada en Europa y en todo el continente americano, Valero también ocupó varios puestos militares y administrativos. Fue el Comandante en Jefe de la 2da División del Ejército colombiano que ayudó a Bolívar en Perú. Bolívar lo nombró Jefe Militar del Departamento del Istmo de Panamá. Valero fue también Jefe de Estado Mayor del Ejército de Colombia, Comandante Militar de los Valles de Aragua, Gobernador Militar de Puerto Cabello, Ministro de Guerra y Marina de Venezuela (bajo José Tadeo Monagas y José Antonio Páez), Jefe de Estado Mayor de México, Jefe de Operaciones en la exitosa campaña contra Tamanaco y Güires, Comandante de Armas de la provincia de Caracas. Además, Valero recibió varias condecoraciones entre ellas la Cruz de la Independencia de México, la Medalla del Libertador y la Medalla del Callao y el Busto del Libertador de Venezuela.

Vida temprana

Linaje

Valero de Bernabé era descendiente directo de la aristocracia aragonesa y noble con el reconocimiento de la Infanzonería e Hidalguía como derecho de nacimiento. Sus títulos se remontan al 10 de mayo de 1372, cuando Pedro IV de Aragón concedió los reconocimientos a Miguel de Bernabé, a sus hermanos y descendientes, por su actuación durante la Guerra de los Dos Pedros, donde murió incinerado en el castillo de Báguena tras negarse. entregar la fortificación a las fuerzas castellanas. Numerosos de sus descendientes adquirirían otros títulos nobiliarios, casándose con miembros de otros linajes aristocráticos, convirtiéndose en condes o marqués. La tradición militar también estuvo presente y Aurelio Valero de Bernabé se convertiría en Caballero de Malta. Entre ellos también se encontraba el inquisidor Pedro de Arbués y Valero, que fue canonizado por la Iglesia católica en 1867.

Sin embargo, con el tiempo, el lenguaje ambiguo del reconocimiento dio lugar a numerosos procedimientos legales, alcanzando su punto máximo con varios ante los Tribunales Generales en 1678. En respuesta, el rey Felipe y el Cuarto Brazo de los Tribunales Generales elaboraron una Ley y Fuero del Reino estableciendo que estos títulos nobiliarios eran reconocidos a todos los descendientes de Miguel de Bernabé y sus hermanas, independientemente del origen de su linaje, y que los heredarían los descendientes de los miembros varones de la familia. Entre los beneficiarios de esta infanzería se encontraba Juan Valero de Bernabé, padre de Antonio Valero de Bernabé Ibañez, bisabuelo de Valero de Bernabé Pacheco.

Infancia e instrucción militar

Valero nació el 26 de octubre de 1790 en el pueblo de Santiago de Fajardo, hijo de Cayetano Valero y Rosa Pacheco de Onormandia. Su padre era Subteniente de Ganaderos y Capitán del Regimiento Fijo de Puerto Rico, siguiendo la tradición militar de una familia que incluía a su primo hermano, el marqués de Cañada y general de los ejércitos nacionales, Joaquín Ibáñez de Bernabé. Llegó a Puerto Rico, donde conoció y se casó con Pacheco, una noble local. El 14 de noviembre de 1790 Valero fue bautizado en ceremonia celebrada en la parroquia de Fajardo y encabezada por el presbítero José María Tufiño. Sus padrinos fueron Miguel Cánovanas y Joaquina Pacheco, estando entre los testigos Juan Paulino, José Aguayo y Francisco Bricnony.

Nació durante una época en la que las políticas absolutistas de la Corona española habían ignorado a sus colonias, dejando a Puerto Rico sin sistemas educativos adecuados, fuertemente gravados con tributos y careciendo de relaciones mercantiles formales que les permitieran prosperar económicamente. El poder de la nobleza local residía en los concejos municipales y los cabildos, que eran los puestos dominados mayoritariamente por los puertorriqueños y donde se reunían los educados. La situación obligó a la aristocracia a enviar a sus hijos a estudiar al extranjero, impartiéndose la educación militar en las Academias Militares de España. Estos darían lugar a una tradición militar de la que surgieron figuras que destacaron en varias guerras e incluso en la Inquisición, alcanzando una serie de reconocimientos y títulos, incluidos caballeros del hábito de diversos lugares.

Fajardo en sí era todavía un pueblo pequeño, cuya economía giraba principalmente en torno a la industria ganadera. Había sido militarizada para combatir los recurrentes ataques de piratas y bucaneros, principalmente por su proximidad a Vieques y otras islas adyacentes, y para impedir el contrabando que frecuentemente entraba por la costa como respuesta a las restricciones mercantiles impuestas por España (que llevaron a inflación descontrolada). En el Puerto Rico del siglo XVIII, el ejército local estaba compuesto íntegramente por nobles, ya que era un requisito para ocupar un cargo. Valero de Bernabé pasó su infancia y se crió en Puerto Rico hasta los 13 años, cuando su familia lo envió a España. En sus Memorias, Valero de Bernabé criticó el estado de la educación local bajo el gobierno español, citando que éste lo había obligado a partir hacia Europa. Su educación dejó un claro afecto por Puerto Rico, hacia el cual sentía una fuerte conexión a pesar de años de exilio.

Una vez allí, Valero de Bernabé optó por la carrera militar y el 25 de abril de 1803 se incorporó al Ejército español como cadete. Ingresar a las Academias Militares en España con 10 años era un privilegio reservado a los hijos de militares nobles. Su primera educación marcial estuvo a cargo del instructor Jacobo Duxtrax. El 30 de noviembre de 1804 Valero de Bernabé ascendió a Subteniente. Ingresó en el Regimiento de Valencia, donde desempeñó este rango. El 20 de marzo de 1808 Valero de Bernabé ascendió a teniente. Con el ascenso fue destinado al Regimiento de Murcia. Cuando Napoleón Bonaparte se negó a abandonar España después de que se le concediera acceso a Portugal a través del país, estalló una guerra para proteger la independencia de la nación. Valero de Bernabé estaba entre los alistados para luchar en nombre de España.

Guerra de Independencia Española

Batalla de Tudela

Tras perder en Bailén, los franceses se vieron obligados a reorganizarse y refugiarse en la margen izquierda del río Ebro. La V División Central, donde sirvió Valero de Bernabé, viajó desde Tarragona y fue asumida por el mariscal de campo José de Caro en Tudela. Cruzaron varias veces el río Ebro hasta llegar a Funes, de donde pudieron discernir que los franceses se estaban organizando para cruzar el río y reunirse en Alfaro. En la noche del día 19 comenzaron a regresar a Tuleda, llegando allí dos días después, cruzaron por última vez el río y acamparon en la orilla custodiando un camino a Argueda y un puente. En las cercanías también se encontraban otras fuerzas lideradas por el general Castaños (Central) y el general Paladox (Derecha), lo que provocó un enfrentamiento entre ambos oficiales por el control de las heterogéneas fuerzas la noche del 22.

Las órdenes iniciales del día pretendían tomar el control de la zona donde se encontraba el camino a Alfaro. Sin embargo, el brigadier y alcalde general de la 5.ª Caballería se encontró con toda la fuerza del ejército francés de 80.000 hombres liderado por Moncey, Lannes, Lefevre y Ney durante el reconocimiento. Luego, los españoles se reorganizaron en posiciones defensivas, con la división de Valero de Bernabé tomando la posición central mientras los Castaño lideraban las fuerzas hacia la izquierda. Las fuerzas francesas eran más del doble que las españolas. Las hostilidades habían comenzado a las 8:00 a. m. y la artillería francesa estaba resultando problemática para los españoles hasta el punto que el general ordenó a su regimiento trasladarse detrás de una colina cercana, pero su comandante resultó gravemente herido y reemplazado por el sargento mayor Luis María Adriani. Luego, los franceses redirigieron su atención hacia las fuerzas de la derecha. Adriani condujo al regimiento a una posición elevada, desde donde intentó contraatacar con disparos de cañón en una estrategia que Valero de Bernabé calificó más tarde de "extraña". En el intercambio que siguió fue herido de bala de fusil en el tobillo y fue retirado a caballo por un soldado de la escolta de N. Chacón. Los franceses continuaron su avance y obligaron a los españoles a retirarse. Valero de Bernabé tomó nota de la cantidad de muertos, heridos y animales abatidos que quedaban a lo largo del camino. En total, los franceses perdieron alrededor de 6.000 soldados, mientras que el bando español varios y tuvo al menos 2.000 hechos prisioneros. En un pueblo de camino a Zaragoza, Valero de Bernabé fue auxiliado por su primo Miguel Deso, quien le prestó los primeros auxilios para curar su herida. Al avanzar allí se encontró con el capellán de su regimiento, Joaquín Taboada, que había corrido una suerte similar. Durante la noche, Valero de Bernabé continuó alerta al sonido de los combates lejanos, en medio de falsas alarmas.

Lucha por Zaragoza

Valero de Bernabé llegó a Zaragoza a las 11 de la mañana de la mañana siguiente. Inmediatamente se dio cuenta de la confusión generalizada provocada por la afluencia de numerosos heridos, mientras la gente del pueblo reparaba las murallas a toda prisa. El general Palafox se centró en organizar a 35.700 personas bajo su mando. A los pocos días, Valero de Bernabé comenzó a presentar síntomas de fiebre, pero a pesar de estar gravemente enfermo se recuperó con la ayuda de Taboada. El capellán le llevó entonces la notificación de que su coronel había decidido ascenderle al grado de Capitán el 24 de julio de 1808, por sus actuaciones en Tuleda, solicitando también su presencia sin demora. Regocijado, un aún débil Valero de Bernabé salió de casa y viajó a casa de su oficial, quien también le pagó dos meses. Después de agradecer a Taboada por avisarle, salió y compró charreteras en una casa de apuestas, saliendo con sólo cinco onzas. Después, cuando iba a pedir a Toboada que volviera porque se encontraba indispuesto, a Valero de Bernabé se le acercó un coronel que le preguntó si eran parientes, reconociendo rápidamente la figura como su primo el marqués de Cañada que le saludó efusivamente. Informó al oficial de su destino y de los hechos que lo precedieron, quien respondió señalando que él era el Mayor General del grupo al que acababa de incorporarse y le ofreció el rol de Ayudante de Órdenes. Valero de Bernabé aceptó la oferta y empezó al día siguiente viéndolo como una oportunidad. En los días siguientes se vio afectado por la muerte de Toboada como consecuencia de sus heridas. Los españoles siguieron de cerca el acercamiento de los franceses, mientras se trabajaba más para arreglar las paredes. Mientras tanto, reunieron suministros y prepararon la organización militar para la resistencia.

Durante la tarde del día 20, se vio a la vanguardia francesa realizando un reconocimiento cerca de la zona adyacente de Montetorrero, quienes liderados por los mariscales Moncey y Mortier se apoderaron del lugar al cabo de un día. El segundo condujo sus fuerzas sobre el río Ebeo y se acercó a la plaza con 10.000 hombres a las 9.00 horas atacando el Arrabal, un sector de Zaragoza aislado del resto por el río, una hora después. Allí se encontró Valero de Bernabé junto al resto de su división, al mando del general José de Manzo, custodiándola con baterías improvisadas colocadas en puntos estratégicos para bloquear el acceso. Estos consiguieron sorprender a las fuerzas de Mortier, que esperaban tomar el Arrabal sin resistencia, sufriendo varias bajas a manos de los mosqueteros y artillería españoles. No obstante, los franceses se reorganizaron y lanzaron numerosas oleadas, hasta su retirada final a las 16.00 horas. cuando se alejaron del alcance. Valero de Bernabé consideró esta jornada una victoria decisiva, nada de que hubiera restos franceses esparcidos por el campo de batalla y amontonados contra su defensa.

Durante los días siguientes se difundieron rumores, algunos citaban que el Duque del Infantado o el General Reding vendrían a ayudar, otros que Bonaparte estaba atrapado en el Monasterio de Paular. Cauteloso, el pueblo los celebró repicando campanas y cantando canciones religiosas. Como los franceses los aprovechaban para lanzar todo tipo de munición, incluidas bombas incendiarias y balas de cañón calentadas, Valero de Bernabé sospechaba que ellos eran los responsables de la información dudosa. Mientras Zaragosa ardía, la falta de alimentos se complicó con el estallido de una epidemia que mató a algunos de los atrapados en ella y llevó a otros al suicidio. Los civiles capaces, tanto hombres como mujeres, se unieron a la resistencia. Los niños también participaron en ayudar a los que estaban en primera línea junto con sus madres. Valero de Bernabé quedó impresionado tanto por la miseria como por el heroísmo que convivieron en la batalla.

Los franceses ya habían sitiado Zaragoza durante dos meses, y la resistencia frustró al mariscal Lannes, quien escribió a Bonaparte que estaban siendo confrontados y atacados por la gente de la ciudad que se negaba a rendirse, algo que encontró desconcertante. Los franceses continuaron centrados en hacerse con el control de la zona de Arrabal, considerada un punto estratégico. La división de Valero de Bernabé estaba ubicada en el Convento de Monjas de Altavoz, donde los soldados se refugiaron junto a las monjas que allí permanecían. Los edificios religiosos, por su estructura y robustez, tenían una ventaja estratégica. El 27 de enero los franceses lograron capturar el Monasterio de Santa Engracia. Tres días después también cayeron los monasterios de los agustinos griegos y de Santa Mónica, arrebatando más de 70 edificios a la resistencia española. Valero de Bernabé contó con la ayuda de una monja llamada Sor Dorotea, que compartía con él su propia comida. Ella también fue responsable de salvarle la vida moviendo su cama, preocupada porque estaba al lado de una corriente de aire frío, solo para que su antigua ubicación fuera bombardeada poco después. Valero de Bernabé hizo caso omiso del incidente, pero la monja se sobresaltó y se desmayó.

Los franceses continuaron avanzando, capturando todo el terreno fuera de la ciudad a principios de febrero, y también irrumpieron sistemáticamente en Zaragoza. La batalla, sin embargo, fue ardua para los demacrados españoles y se libró en todas las calles y edificios posibles. Los franceses continuaron agotando todas las tácticas, incluida la de proponer la negociación de la rendición a cambio de concesiones, lo que fue sardónicamente rechazado por Palafox.

El 3 de agosto, los franceses rompieron la puerta de Santa Engracia. Once días después iniciaron un incendio que destruyó el convento y les permitió capturar la mitad de Zaragoza. Otro intento de capitulación fue recibido con más cinismo. La población, aceptando su muerte como un resultado probable, entonó canciones de desafío a favor de morir antes de rendirse. Ambas acciones impresionaron a Valero de Bernabé. Participó en el ataque ocurrido el 21 de diciembre de 1808.

Decadencia de Zaragoza

En enero, la acumulación de cadáveres se había convertido en un riesgo peor para la salud cobrando la vida de José de Manzo (quien fue reemplazado por Gaspar de Teballer), y los españoles utilizaron a los prisioneros franceses para retirar los cuerpos de sus compatriotas. Valero de Bernabé se mostró desconcertado por la elección de las horas para el intercambio de disparos, que se limitaba en su mayoría a las horas nocturnas. Registró las acciones de una joven llamada Agustina Doménech, quien tomó un puesto ella sola después de que todos los hombres habían caído y manejó un cañón contra los franceses. Durante el ataque ocurrido el 2 de enero de 1809, Valero de Bernabé logró apoderarse de un edificio estratégico y dos piezas de artillería.

Los supervivientes restantes de Arrabal se vieron obligados a tripular las baterías sin cambios de guardia, debido a las pérdidas. En lo personal, Valero de Bernabé también sufrió la pérdida de Duxtrax, muerto en combate. Durante la mañana del 8 de febrero, los franceses hicieron un movimiento para tomar Arrabal, obligando a los españoles a entregar el Convento de Jesús. Sin embargo, después de que los militares, incluido Valero de Bernabé, contraatacaran una vez que irrumpieron en la Iglesia adyacente, los obligaron a retirarse después de sufrir varias bajas. Su actuación en el Zaragoza le supuso dos ascensos sucesivos, el primero a teniente coronel como consecuencia directa de este intercambio, del que salió con una lesión en la pierna derecha. Su primo se vio obligado a marcharse tras caer presa de la enfermedad, heredando Valero de Bernabé las responsabilidades de Mayor General. El papel resultó arriesgado, ya que tenía que desplazarse al palacio donde se encontraba el general Palafox contiguo a Arrabal al menos dos veces al día, quedando expuesto. En este punto, la mayor parte de la ciudad de Zaragoza había quedado reducida a escombros y la población restante moría lentamente a causa de la guerra o las epidemias. Los franceses continuaron su ofensiva, bombardeando incesantemente la ciudad y destruyendo los pocos edificios que quedaban en pie.

La caída del Arrabal

Los franceses pasaron ocho días de relativa tranquilidad construyendo nuevas artillerías fuera del Arrabal. El 18 de febrero de 1809, después de desviar las críticas de Valero de Bernabé y otros, un oficial de artillería español intentó tender una emboscada a las tropas enemigas arrojándoles una granada, alertándoles sin darse cuenta de la ubicación de sus baterías. Los franceses contraatacaron con toda su fuerza, causando una destrucción significativa en dos horas. Aprovechando esto, irrumpieron en el Arrabal. Asediado por fuego de artillería, bombas y granadas, el grupo de Valero de Bernabé se vio obligado a abandonar la batería de San Lázaro y se retiró hacia la plaza del Monasterio. Los franceses hicieron retroceder a los españoles y mataron a dos generales, incluido el barón de Visages. Valero de Bernabé fue la izquierda al mando de las tropas restantes, liderando una resistencia que se combatió sistemáticamente en cada casa y calle, pero que perdió un tercio de sus miembros desbordada por la cantidad de enemigos. Esto les obligó a concentrarse en la batería de Tejares, la última que quedaba, donde los españoles restantes ascendían a 1.300 entre soldados y civiles. En el camino se encontró con el teniente Mauricio Alber quien al notar que solo vestía levita le regaló un intrincado uniforme azul marino. Allí se realizó una reunión, donde se descartó una estrategia de avanzar hacia la zona rural adyacente de Justibal por presencia enemiga. Tras siete horas de batalla, el grupo determinó que la única opción que les quedaba era estipular la condición de rendición española, optando los franceses por ignorar las capitulaciones, dividiendo a los capturados en grupos y despojándolos de sus armas y de la mayoría de sus pertenencias.

Recluso, fueron transportados a los Molinos adyacentes dentro de una hora. Los oficiales franceses separaron a sus homólogos españoles y se difundieron cómo los hombres desnutridos podían presentar resistencia. Valero de Bernabé fue ofrecido un tabaco por un oficial francés y pidió comida. Allí se encontró con un compañero llamado José Semanat, con el que discutió su miseria mutua y discutió cómo se le quedó quebrado por perder cinco onzas de oro, siendo dado medio onza como gesto de amistad. Durante el intercambio, notó que las espuelas de plata que llevaba aún estaban en sus pies y los escondió. Los franceses generalmente lo respetaban, ya que todavía llevaba el uniforme que encontró durante el asedio, a diferencia de otros capturados. Valero de Bernabé fue testigo de la quema sistemática de lo que quedaba de Zaragosa y la purificación de los que habían permanecido dentro, eligiendo meditar como distracción. Posteriormente, fue separado del grupo y llevado hacia una cena preparada por el oficial francés, que curiosamente cuestionó la resistencia española. Valero de Bernabé fue dado un lugar para dormir en un edificio donde los oficiales franceses estaban con la protección de este individuo, simpatizando con ellos la pérdida de camaradas. Después de una noche sin dormir, pidió reunirse con los otros oficiales españoles, que habían sido quitados, creando ansiedad y frustración dentro de él, mientras se preguntaba por qué había sido tratado de manera diferente o por qué no había sido advertido por Semanat. Al notar a una granada de soldados que se ensamblaban detrás de él, Valero de Bernabé se convenció de que iba a ser ejecutado, confrontando al oficial enemigo que lo había supervisado, sólo para que se les dijera que no tenían interés en "ejecutar a los valientes", citando la extraordinaria resistencia en Zaragosa, y también criticando la ambición de sus propios líderes y lo incrítico que Bonaparte había ganado. Sorprendido por esto, fue llevado a almorzar a lo largo de los otros oficiales franceses, donde dio los espuelas al oficial como agradecimiento. Al día siguiente fue llevado ante Lannes, que fue divertido cuando Valero de Bernabé pidió que su caballo fuera devuelto.

Las capitulaciones se estancan debido a una enfermedad sufrida por Paralox, con el marshal rechazando las solicitudes de cesación del fuego temporal y presionando lanzando más ataques contra una población reducida. Una Junta sustituyó al oficial enfermo y se reunió con Lannes, que sólo ofreció exenciones para mujeres y niños, lo que llevó a la parte española a insistir en que preferiría desaparecer que rendirse en sus términos. Como testigo, Valero de Bernabé señaló sentirse orgulloso de esta postura, sobre todo por las circunstancias. Lannes a su vez ofreció dar a los militares una salida honorable de la ciudad. Finalmente, se firmaron capitulaciones y los franceses se apoderaron de Zaragosa, despojando al menos 50.000 cuerpos.

Restante de la guerra peninsular

Valero de Bernabé fue llevado a Pamplona, donde sería enviado a Francia junto con otros oficiales españoles. Sin embargo, logró escapar y se unió a un regimiento en Mano de Hierro, quedando bajo las fuerzas del Duque de Albuquerque. Con ellos participó en la retirada española de Sevilla a la isla de León donde se había trasladado la Junta Central. Esto le supuso su segundo ascenso, el de coronel el 9 de marzo, alcanzando el grado con 19 años. Al cabo de tres meses se unió a las fuerzas del general Senén de Contreras en su misión de socorro a la localidad de Tarragona, que estaba sitiada por los El mariscal francés Suchet. Bajo el gobierno del general, la población empleó tácticas similares a las de Zaragoza, con individuos de todos los grupos resistiendo, pero la ciudad cayó sistemáticamente bajo control francés, quien lo mató en el proceso antes de saquearla. Valero de Bernabé sobrevivió a este asedio y partió, incorporándose al Regimiento de Chinchilla.

El 21 de mayo de 1809 Joaquín Ibañez de Bernabé Cuevas y Grior certificó todos los trabajos que Valero de Bernabé había realizado bajo su dirección. Permaneció destinado aquí durante tres meses. Se le concedió el listón de los defensores zaragozanos.

En 1810, Valero de Bernabé fue enviado desde la División Central de Reserva del Ejército a la Plaza de Cartagena, donde se vio envuelto en una epidemia mientras servía en la guarnición. Los días 18 y 24 de junio de 1811 participó en acciones en Venta del Baúl. El 21 de julio de 1812, Valero de Bernabé y su compañía de artillería entraron en Ibi, empujando al enemigo hacia un castillo y manteniendo la posición en la localidad a pesar de la llegada de refuerzos. Luis María Balanzat señaló posteriormente en su certificación que permanecieron en sus puestos a pesar de haber sido rodeados desde temprano. Entre el 12 y el 13 de abril de 1813 combatió en Castalla. Valero de Bernabé encabezó la Compañía de Cazadores del Regimiento de Chinchilla y la columna de la División el 13 de junio de 1813. También dirigió su compañía en el puerto de Albaida, donde fueron superados en número por el enemigo. El 6 de junio de 1813, Valero de Bernabé encabezó la retoma de la villa de Muro y se hizo con el control de otros asentamientos adyacentes. Desde allí participó en la batalla de Castalla al mando del general Roche, quien tras intercambiar el mando con los franceses, ordenó la retirada cuando llegaron refuerzos liderados por el general Harispe.

Valero de Bernabé también estuvo presente en el castillo de Sagunto, ocupando cargo desde el 9 de enero al 22 de mayo de 1814, cuando fue abandonado. Los franceses se retiraron de España poco después, perseguidos por el ejército ibérico.

Por su actuación en la guerra, en la que luchó durante seis años consecutivos en varios lugares fundamentales, Valero de Bernabé recibió la Cruz Laureada de San Fernando y fue declarado Benemérito de la Patria en grado heroico y eminente en dos ocasiones. El 11 de marzo de 1815 se le concedió la Cruz de Zaragoza en diploma. A los 26 años, copia de su hoja de servicios como Primer Ayudante Coronel y Línea 14 del Batallón Expedicionario en el Regimiento de Infantería de Sevilla fue certificada por el Teniente Coronel Antonio Muñoz. El 14 de marzo de 1816 Valero de Bernabé recibió en diploma la Cruz del Ejército III. El 15 de septiembre de 1817 también recibió en el diploma la 2ª Cruz del Ejército.

Rito masónico

Después de la guerra, tenía una deuda de gratitud con Sor Dorotea, con quien no pudo contactar ni conocer su destino a pesar de haber hecho arreglos. Posteriormente se reencontraría con Agustina Doménech, ahora condecorada y reconocida con el grado de Capitana.

Sin embargo, los liberales pronto se sintieron frustrados con el restaurado Fernando VII, quien inmediatamente descartó la propuesta de Constitución de Cádiz de 1812, encarceló a sus proponentes y restableció el tribunal de la Inquisición. Valero de Bernabé fue trasladado a las guarniciones. También estudiando, se involucró en las logias de masonería que se popularizaron desde 1814 y donde varios militares liberales discutían cómo enfrentar las posturas absolutistas de la Corona, conspirando para derribarla y devolver la Constitución y detener la Asignación de tropas para luchar en las colonias americanas rebeldes. Estos crecieron exponencialmente, hasta que la mayoría de los militares estaban afiliados a ellos en 1817. El general Juan O'Donojú, de quien sirvió como ayudante, también era albañil. Valero de Bernabé, de quien se esperaba que saliera y luchara contra el movimiento independentista en Argentina como adjunto del general Dionisio Vives. Batallón Buenos Aires, se había incorporado a la logia denominada El Taller Sublime junto a Antonio Alcalá Galiano. Los enviaron a Lebrija a esperar el transporte. Finalmente, las conspiraciones llevaron al Grito de Riego, que abortó estos planes. En 1819, Enrique O'Donnell, Conde de La Bisbal, encarceló en un castillo a varios de los líderes masónicos, incluidos sus compatriotas puertorriqueños Demetrio O'Daly y Antonio Quiroga. Sin embargo, simpatizando con la idea de detener la intervención extranjera, les permitió más libertad de la esperada. Un movimiento reaccionario intentó reclutar a O'Donojú como su principal líder, pero fue Riego quien finalmente se hizo cargo de la revuelta. O'Daly y Quiroga escaparon y lideraron sus respectivas tropas mientras la insurrección se masificaba. Temiendo ser ejecutado, Fernando cedió y cedió ante la Constitución. Como parte de la consiguiente reforma, el gobierno constitucional nombró a O'Donojú Capitán General de Andalucía y Valero de Bernabé le acompañó como ayudante.

Mientras tanto, en México Iturbe lideró su propia resistencia contra España, a quien propuso el Plan de Iguala, que negociaba el establecimiento de una monarquía con vínculos con la Corona española. El documento no fue aprobado por el Congreso español. Esto provocó un aumento de las acciones revolucionarias, lo que llevó a la destitución del virrey Apodaca y a la entrega de la autoridad al general Novella. Sin embargo, los españoles decidieron nombrar a O'Donojú como nuevo virrey, quien aceptó esperando negociar la paz en términos similares a las propuestas rechazadas. El funcionario partió hacia México en 1821, y junto a él viajó Valero de Bernabé.

Guerra de Independencia de México

Unirse a la revolución; Jefe de Gabinete

Sin embargo, la revolución mexicana fue claramente monárquica y apoyada por la Iglesia. O'Donojú se encontró con una situación en la que la revuelta era ahora la fuerza predominante en la colonia y en la que Novella se negó a reconocerlo como virrey. Finalmente, e influenciado por las circunstancias que habían propiciado el ambiente político intentó sin éxito calmar la situación, pero encontró resistencia. Valero de Bernabé se mostró proclive a apoyar la causa independentista y se lo comunicó. Mientras avanzaban hacia la capital, las fuerzas de O'Donojú se vieron envueltas en algunas escaramuzas con los revolucionarios y retrocedieron hacia Veracruz. Se acercó entonces al aristocrático Itúrbide y conociendo su sentimiento monárquico, envió a Valero de Bernabé y otros oficiales a negociar un tratado. El pacto de Córdoba se firmó el 24 de agosto de 1821, proponiendo una monarquía independiente liderada por la monarquía española, en particular Carlos y Francisco de Paula. Sin embargo, Fernando VII se centró en los asuntos ibéricos y forjó una alianza con Luis XVIII para revertir la Constitución liberal, y el Congreso se hizo cargo de la evaluación y finalmente votó en contra y la anuló. O'Donojú fue considerado un traidor por elementos en España, enfrentando las críticas del conde de Toreno y representantes de Moscoso y Espiga, mientras contaba con el apoyo de los diputados mexicanos Lucas Alamán, Puchet y Lallave.

Ante esta decisión, O'Donojú y sus aliados desertaron España y viajaron a la capital el 26 de octubre, un día más tarde Itúrbide entró en la ciudad con el ejército rebelde. Ambos formaron el tablero que gobernó inmediatamente después, a lo largo de Velázquez de León, Bárcenas y Yañez. Itúrbide fue puesto a cargo de la nación, que se movió hacia un formato imperial, y puso en efecto una declaración de independencia fue redactada el 28 de septiembre de 1821. Valero de Bernabé abordó su decisión de desertar de España y unirse a aquellos que lucharon por ganar su independencia del reino citando que "es muy difícil encontrar a un solo americano de los que sirvieron en Europa que no se habían comportado con honor y decisión en defensa de la Libertad, y mientras la causa era digna, el gobierno ingrato nunca merecía [su] sacrificio." En última instancia, lo explicó como cuestión de principio, que fue reforzada por su lugar de nacimiento, que arrojó sus intereses al Nuevo Mundo. Más tarde señaló que "sobrevino grandes obstáculos y sufrió físicamente por sus opiniones" como parte de su transición. Deseando reducir el perfil de su noble linaje, comenzó a firmar su nombre como simplemente "Antonio Valero".

La población local quedó dividida entre Itúrbide y O'Donojú, conflicto que se solucionó cuando este último murió diez días después, oficialmente de pleuresía pero inmediatamente se rumoreó que había sido envenenado. A Valero de Bernabé se le dio la opción de continuar su servicio militar en el ejército mexicano, incorporándose rápidamente a sus filas y siendo ascendido a Jefe del Estado Mayor de la nación.

Complot para asesinar al emperador

Sin embargo, cuando se creó el Congreso, los primeros partidos políticos imitaron las posturas conservadoras y liberales de España, con los conservadores apoyando el establecimiento de una monarquía y los liberales presionando para lograr un gobierno republicano. Como antes, Valero de Bernabé se unió al Partido Liberal y se enfrentó a los Borbonistas de Itúrbide y al Partido Eclesiástico. El Congreso le encargó que redactara reglas para su ejército. Derrotado en el Congreso, se retiró a las logias masónicas de rito escocés, con Valero de Bernabé del que había financiado y presidido una de ellas. Como antes, estas entidades sirvieron como tema de discusión para el golpe de Estado republicano. Sin embargo, Itúrbide intentó ascender al trono el 10 de agosto de 1822, ayudado por un contingente militar, clero y civiles. Se convocó una sesión extraordinaria en el Congreso, que los liberales boicotearon, dando como resultado su designación como emperador.

Valero de Bernabé se mostró indignado por la medida, rechazando las disposiciones que aceptaron otros oficiales; la integración pacífica en la nueva esfera de poder a cambio de un ascenso únicamente al rango de general. Presidía una sesión con sus masones en la que conspiraba activamente para asesinar al emperador. Itúrbide optó por no atacar directamente las logias, preocupado por la influencia que Valero de Bernabé expulsaba a través de ellas. El imperio se infiltró en las logias colocando espías en ellas. Itbúrbide planeó sofocar el intento de asesinato haciendo públicas las conspiraciones masónicas e inmediatamente ascendiendo a Valero de Bernabé al rango de general de brigada, sembrando sospechas de que él mismo había publicado la información. El complot tuvo éxito, obligando a Valero de Bernabé a abandonar el país, tras enterarse de que sus cómplices planeaban volverse contra él y convencidos de que no creerían que era inocente.

Se enfrentó al emperador y le solicitó el pasaporte, revelando que estaba consciente de la influencia imperial entre los republicanos, y calificando a Itúrbide de "tirano común". Al responder el motivo de su salida, Valero de Bernabé afirmó que "[Itúrbide] conocía [el motivo] mejor que él mismo e insistió en que sólo quería su pasaporte como "recompensa" por sus servicios. Luego salió de Veracruz acompañado de otro puertorriqueño, un hombre llamado Hernáiz que era teniente de la marina española. Partieron hacia Jamaica, pero fueron interceptados por un corsario cerca de La Habana, donde tuvieron que desembarcar. A pesar de permanecer escondido en la colonia española, Valero de Bernabé finalmente fue descubierto y encarcelado en un fuerte. Allí se reunió con Vives, entonces gobernador, quien ordenó oficialmente su transporte a España y la expedición de un pasaporte a tal efecto, pero también relajó la seguridad de la cárcel. Ayudado por un grupo de disidentes, escapó y logró viajar para abordar un barco de vapor que partía hacia Nueva York utilizando un pasaporte que llevaba una firma que se suponía pertenecía a Vives. De allí se embarcó rumbo a La Guaira. Debido a la naturaleza de este suceso, su autenticidad fue cuestionada hasta que su hijo, José Valero, lo certificó durante el siglo XX.

Después criticaría a Itúrbide, no sólo por sus ambiciones imperiales, sino también por lo que consideraba vestigios de "Nerón y Calígula", citando una "Inquisición política y religiosa" lo que llevó a utilizar engaños contra los republicanos y llamarlo hipócrita por aliarse con los Borbones. Pese a las críticas políticas, Valero de Bernabé lamentó abandonar "un país que le debe algunos sacrificios por su existencia política". El 1 de mayo de 1824, Fernando VII dictó un decreto de amnistía perdonando a los implicados en la rebelión, que omitía a O'Donojú y sus seguidores, entre ellos Valero de Bernabé, que todavía estaban amenazados de ejecución si entraban en suelo español.

Guerras de independencia hispanoamericana

Uniéndose a Bolívar; ratificación de rango

Valero de Bernabé albergaba intenciones de perseguir la independencia de las colonias caribeñas, el último bastión de los españoles en el Nuevo Mundo, incluido su Puerto Rico natal, y esperaba contar con el apoyo de Bolívar una vez terminadas las guerras sudamericanas.. Luego de llegar al puerto de La Guaira, ofreció sus servicios al ejército colombiano, los cuales fueron aceptados por el vicepresidente, general Santander, quien le informó que Bolívar se encontraba actualmente concentrado en la situación en Perú, donde se estaban cometiendo una serie de traiciones. le han dejado falto de personal y desconfiado, y que por el momento no podía llegar a un acuerdo sobre su iniciativa de perseguir la independencia de las Antillas. En Bogotá no sólo se reunió con Santander, sino también con el general encargado de la incursión de Simón Bolívar en Perú, Carlos Soublette. Sin embargo, una espera de varios meses que siguió hasta que la organización de un ejército lo aburrió.

En lugar de permanecer inactivo, Valero de Bernabé contactó el 20 de octubre de 1823 con el general Páez, que aún luchaba en Venezuela, ofreciéndole sus servicios. Sin embargo, el oficial se enteró de que lo reasignaban para hacerse cargo de una división en Bogotá y se negó. El 28 de octubre, Valero de Bernabé fue informado formalmente de su cargo por el Secretario de Exteriores de Colombia, P. Gual. Se le otorgó el rango de general de brigada y se le asignó el cargo de comandante en jefe de la Segunda Columna en Magdalena, desde donde se dirigían a Perú para ayudar a Bolívar. Valero de Bernabé se encontró al mando de tropas no preparadas, pues el grueso del ejército ya se encontraba allí.

El 24 de noviembre de 1823, la delegación de un grupo independentista cubano vinculado a Bernabé Sánchez llegó a La Guaira con intenciones de contactar a Bolívar, alojándose casualmente en la misma posada que él. Entre ellos se encontraban José Antonio Miralla, Fructuoso del Castillo, José Ramón Betancourt, José Agustín Arango, Gaspar Betancourt Cisneros y José Aniceto Iznaga. Reconociendo objetivos comunes, Valero de Bernabé los invitó a viajar con él a Bogotá, donde se reuniría con Santander. El grupo viajó hacia Caracas, donde los cubanos se reunieron con el presidente de la Corte Suprema de Colombia, Francisco Javier Yáñez, quien expresó las mismas preocupaciones sobre el momento de la incursión secesionista. Convencidos de posponer la iniciativa, el grupo se separó de Betancourt Cisneros y Ancieto, reuniéndose con Valero de Bernabé en Puerto Cabello y llegando a Maracaibo el 14 de diciembre de 1823. Desde aquí se dispusieron a emprender el viaje a Bogotá a caballo y en canoas, llegando hasta allí el 19 de enero de 1824. Sin embargo, Santander ratificó sus posturas anteriores sobre el momento de una incursión independentista en el Caribe.

Viajó a Cartagena y en unos meses preparó un grupo de mestizos y amerindios que reclutaron a Soledad, Santa Marta y Corozal para la batalla. En total, la Segunda División contaba con 1.600 efectivos cuando partió hacia Perú, incluso antes de poder recibir miembros adicionales del Zulia, a instancias del general Carlos Soublette. Este oficial escribió a Valero de Bernabé el 2 de agosto de 1824, fijando la fecha de embarque cuatro días después, tiempo en el que tendría que coordinarse con otros oficiales. Se reunió con Arango, a quien designó como su secretario privado. Valero de Bernabé atravesaría el istmo hacia Gatún en cuestión de días. Santander escribió a Soublette elogiando la división y ambos funcionarios expresaron su satisfacción por el desempeño del grupo improvisado. Valero de Bernabé permanecería en comunicación con el oficial, con quien trató temas procesales y de quien supo que Itúrbide había sido ejecutado.

El 16 de febrero de 1824, Valero de Bernabé recibió una carta de naturaleza del Vicepresidente en virtud de ley aprobada el 4 de julio de 1823, llegando la noticia a la Gaceta de Colombia. A pesar de esto, enfrentó críticas de los oficiales nativos como el general R.M. Carambaño, quien insistió en que sólo se hizo cargo de la Segunda División porque el general Ibarra había resultado herido en un accidente de caballo. Estos argumentos han sido refutados por los historiadores, ya que Valero realmente organizó la división y a Ibarra se le dio el control de la 1.ª División y órdenes de cruzar el istmo tras él y auxiliar a los heridos y enfermos de la 2.ª en el camino, habiéndose redirigido antes a Caracas. El propio Ibarra expresó respeto hacia Valero de Bernabé por su experiencia previa en O'Donojú, catalogándolo como un "buen oficial" en una carta a Bolívar.

El 18 de agosto de 1824, Soublette escribió a Bolívar sobre la salida de lo que llamó "División Valero", brindándole una descripción de su composición y expresó que Valero de Bernabé estaba "entusiasta [ y] dispuesto a ser útil", pero también notó cierto resentimiento hacia él por haber recibido el grado de general de brigada a pesar de ser recién llegado, pero justificando la selección por tener méritos militares reales a diferencia de varios generales colombianos que habían sido ascendidos como pago por falta de financiación (práctica que Bolívar describió como "estimulante de entusiasmo y gratificante de hazañas", a pesar de reconocer que "la mayoría [de sus generales] sólo tenían como mérito la valentía brutal" en el Diario de Bucaramanga). La situación se agravó cuando llegó a Bogotá y su rango fue reconocido formalmente.

Durante su ausencia se desarrolló una campaña de desprestigio en los medios capitalinos, en la que un diario llamado El Noticiosito publicó un artículo asegurando que "el único servicio que había hecho a Colombia era [ser ventrílocuo, uno de sus pasatiempos] y publicar algún artículo [...] que fuera visto como científico y elocuente", dando a entender también que había comprado el rango a "algún partido del Congreso" 34;. Otro periódico titulado El Constitucional rechazó este artículo, felicitó sardónicamente a la publicación en su nombre por atacar mientras él no estaba, antes de ponerse serio y castigar la línea editorial "ideas pequeñas y diminutas", llamando a los críticos del gobierno y desafiándolos a abandonar su anonimato y reunirse públicamente con sus objetivos. El Noticiosito publicó una respuesta titulada Un viudo del Noticiosito al amigo del General Valero y del Señor Miralla, donde argumentaba que podía poseer "tanta capacidad y patriotismo como lo hicieron Sieyes y Roger en Francia, pero eso no justifica ponerse por delante en la carrera militar, siendo extranjero, de otros militares que sellaron [la independencia] con su sangre".

Guerra de Independencia del Perú

Al llegar a Perú, Valero de Bernabé unió fuerzas con la 1.ª División al mando del coronel Monagas y 600 hombres enviados por el coronel Diego Ibarra. El primero quedó insatisfecho con su nuevo rol y obtuvo la licencia, siendo reemplazado por Rafael Picazo. El 20 de octubre, 17 unidades formaron una flota que llevó sus fuerzas al mar, enfrentando condiciones climáticas que las dispersaron. Valero de Bernabé logró llegar a la isla de Puná el 14 de noviembre. Un día después partió hacia Guayaquil. Allí conoció al gobernador Juan Paz del Castillo y recibió nuevas direcciones, permaneciendo allí momentáneamente y colaborando con el general mientras intentaba preparar a sus tropas enfermas. Valero de Bernabé informó a Bolívar de su llegada y recibió respuesta de Manuel Jóse Soler para organizarse y prepararse para continuar hacia Perú. Bolívar y Paz del Castillo intercambiaron cartas sobre la situación, en las que el general afirmó que Valero de Bernabé "tiene paciencia y ha trabajado mucho", pero que él y las tropas habían enfermado al llegar, afectando la composición y acondicionamiento de los soldados. Independientemente de ello, Valero de Bernabé llevó 1.500 soldados de infantería hacia Ayacucho el 15 de enero de 1825.

El 15 de febrero de 1825 llegó Valero de Bernabé a Chorrillos. En Perú enfrentó la desconfianza de los lugareños y de los oficiales independentistas a raíz de la campaña publicada en Bogotá. Tres días después llegó a Lima. Allí, Valero de Bernabé y Arango se reunieron con Bolívar e insistieron en su plan de liderar una incursión para buscar la independencia de Puerto Rico y Cuba, pero recibieron la misma respuesta sobre el momento, seguida de una afirmación de que sí tenía intención de hacerlo en el futuro, habiendo hecho una promesa a uno de sus coroneles muertos. Se le asignó el cargo de Jefe de Estado Mayor y recibió órdenes de liderar la división que estuvo activa en el sitio del castillo de El Callao al mando del general Bartolomé Salom. En una carta que describe el reencuentro, Bolívar comenta su impresión sobre Valero de Bernabé, afirmando que "parece un excelente oficial por lo que he visto y oído de él y por su fisonomía".

Colocó líneas en Bellavista, adyacente a El Callao, preparándose para enfrentarse a las fuerzas españolas del general Rodil, quienes permanecieron dentro de la estructura durante casi un año, negándose a rendirse a pesar de que el ejército lo había hecho en Ayacucho. Sin embargo, su relación con Salom fue difícil, y el general a menudo se quejaba ante Bolívar directamente y a través de su compañero general Tomás de Heres (quien apoyó a su camarada a pesar de admitir en su carta que no había conocido a Valero de Bernabé), quienes presionaron para que él eliminado. Estos conflictos comenzaron después de que Valero de Bernabé fundara una logia masónica que atrajo a varios oficiales, a pesar de que Salom se le acercó e intentó convencerlo de lo contrario, considerándolo un lugar para la indisciplina y una amenaza a su autoridad.

A medida que las provisiones escaseaban, Rodil ordenó la expulsión de aquellos que consideraba inútiles para la lucha, en particular las mujeres. El 2 de mayo, Salom ordenó a sus tropas que no los recibieran y los enviaran de regreso. Al día siguiente, Rodil ordenó ejecutarlos, interviniendo las fuerzas independentistas. Valero de Bernabé decidió dar refugio al grupo, desafiando y cuestionando el criterio de Salomé. Mandó a algunos de sus soldados que los defendieran y facilitaran la llegada a Bellavista. Valero luego retó a Rodil a duelo, alegando falta de caballerosidad. Este gesto fue bien recibido por la mayoría de los demás agentes, incluido Manuel Figueredo, escribió sobre el incidente en el Diario.

Salom y Tomás de Heres insistieron en su separación alegando una creciente insubordinación tras el acto. El 4 de mayo de 1825 el segundo contactó a Bolívar reafirmando esta postura. Dos semanas después, Bolívar ordenó a Valero de Bernabé viajar hacia Colombia, dejando las quejas de Salomé a cargo del Santander. Sin embargo, Salom retiró sus denuncias, minimizando el alcance del asunto a un "conflicto entre dos señores" en contraposición a la insubordinación generalizada citada por Tomás de Heres) y en su lugar se puso en contacto con Bolívar, solicitando la permanencia de Valero de Bernabé hasta que El Callao se rindiera. A partir de ese momento, sus informes fueron positivos.

El 21 de enero de 1826, Santander respondió a una carta informándole que Bolívar no tenía problemas persistentes con la disputa entre los dos oficiales. Valero de Bernabé había escrito originalmente solicitando ayuda para su esposa y para discutir su inminente concesión de la Cruz de México. Cinco días después se firmó la capitulación para la rendición de El Callao. El 15 de febrero de 1826, Bolívar escribió a Valero de Bernabé felicitándolo por la actuación en El Callao, citando que estaba "muy satisfecho con su conducta" y ofreciendo su recomendación mientras solicitaba la recompensa ofrecida a los involucrados en la batalla.

Simulacros de una Guerra de Independencia de Puerto Rico

Después de Perú, Bolívar encargó a Valero de Bernabé llevar una División hacia el istmo de Panamá, esperando una incursión del almirante Laborde. Sucre escribió a Soublette discutiendo la posibilidad de unir fuerzas con Valero de Bernabé y comenzar la emancipación de las Antillas. Llegó durante los preparativos del Congreso de Panamá y se desempeñó como Comandante Militar y recogió el regimiento Girardot y refuerzos de Cartagena que debían servir de defensa a Portobello. El 9 de abril de 1826 Santander le escribió una carta informándole que tenía conocimiento de su labor en el departamento por informes del general Carreño y que el gobierno estaba satisfecho con su desempeño. El 24 de mayo de 1826 Aniceto llegó a Bellavista, con la intención de reunirse con Valero de Bernabé y viajar a Cartagena y esperar con anticipación el inicio de la incursión caribeña junto al regimiento Girardot y los refuerzos. El 9 de julio de 1826 Santander lo felicitó por el estado de las defensas de Portobello, expresando preocupación por Laborde y discutiendo el levantamiento de Páez.

La lucha por el poder en Colombia hizo que varios de los oficiales se rebelaran, siendo liderados por Páez y Santander en planes separados, convencieron a Bolívar de abandonar Perú y se reunieron con Valero de Bernabé en Panamá. Uno de los pocos que permaneció leal, escoltó al líder a Bogotá. En el proceso, Valero de Bernabé fue testigo de cómo los rebeldes habían aprovechado la prolongada ausencia de Bolívar para poner a las masas colombianas en su contra. El líder se sintió frustrado por lo que consideró "ingratitud" y enfrentó una situación similar en Venezuela, donde fue despojado de todo poder y reconocimiento. Cuando comenzó el Congreso de Panamá, Bolívar se retiró hacia la Quinta de Fusca. Valero de Bernabé pasó allí la celebración de la Semana Santa de 1827 y participó en los preparativos para contrarrestar un golpe de Estado planeado en Zipaquisá.

El Congreso de Panamá aprobó por unanimidad la resolución para perseguir la independencia de Puerto Rico y Cuba, argumentando Bolívar la organización de tropas y buques de guerra. Sin embargo, estos planes sirvieron para presionar el fin de la guerra y obligar a España a reconocer las nuevas naciones. Inmersos en una lucha interna y recibiendo demandas de Estados Unidos de no interferir con sus intereses en Cuba (y prefiriendo el control español al británico en la región) y la oposición británica a la intervención debido a las negociaciones para dejar en paz al Caribe si España reconoció a las naciones emancipadas (esperando a su vez que Estados Unidos o Francia asumieran el poder si España abandonaba la región), la incursión fue abortada por el momento.

La Convención de Ocaña colocó a Bolívar y Santander en enfrentamiento directo, teniendo este último la mayoría. La situación no logró llegar a un consenso y la facción realista se retiró del evento, marcando efectivamente la disolución de la Gran Colombia en naciones más pequeñas. Mientras Bolívar se dirigía hacia Bogotá, ya sea para abdicar como presidente o asumir el papel de dictador, según la fuente, sobrevivió a un intento de asesinato. Esto provocó la ejecución de varios disidentes y el exilio de Santander. En Bogotá, Valero de Bernabé se desempeñó como Subjefe de Gabinete.

El 25 de enero de 1827, después de que España e Inglaterra entraron en guerra, Bolívar comenzó a conspirar para ponerse del lado de los británicos y tomar Puerto Rico junto con los generales Briceño Méndez, Montilla y Padilla. Santander propuso el uso del batallón Girardot en la incursión, conociendo la voluntad de Valero de Bernabé y esperando convencerlo fácilmente. Sin embargo, antes de que el plan se hiciera realidad, España y Gran Bretaña resolvieron sus diferencias diplomáticamente y Bolívar optó por no entrar en una guerra sin aliados. José Valero afirmaría más tarde que su padre nunca dejó de pensar en Puerto Rico y que se aferró persistentemente a la idea de su independencia.

Decadencia y muerte de Bolívar; Exilio

El 3 de junio de 1828, el general José La Mar declaró la guerra a Colombia y se apoderó de Ecuador con la intención de anexarlo al Perú. Valero de Bernabé fue puesto a cargo de una división durante la contraofensiva, pero se detuvo en Popayán, donde se supo que La Mar había sido derrotada por el general Flores.

En 1829, Bolívar nombró a Valero de Bernabé Comandante de Armas de Puerto Cabello, frente a un sentimiento cada vez más secesionista entre los venezolanos. Se le acusó de tratar con revolucionarios armados en Guines y Pamanco. Valero de Bernabé logró derrotar y disolver ambos grupos. Bolívar, dirigiéndose a él como "querido amigo del corazón", lo felicitó por su éxito en estas misiones. Luego de recibir el apoyo de la población y del gobierno local, optó por quedarse dos meses y ayudar, a pedido del general Páez. Para esta campaña Valero de Bernabé fue nombrado Comandante de Armas de Caracas.

Tras otro levantamiento liderado por el general Córdova, Bolívar abdicó de su título de presidente de Colombia. En 1830, Páez encabezó una campaña a favor de la secesión, atacando a la oposición de Bolívar como el elemento que impedía su realización. Esto motivó demandas de exilio en el Congreso de Valencia. Valero de Bernabé, en funciones como Ministro de Guerra y Marina, protestó por el trato que se le estaba dando a Bolívar, siendo el único disidente. Una vez aprobada la demanda de exilio, rescindió su cargo y, a su vez, se exilió por esta postura, instalándose en St. Thomas. Seis meses después, Bolívar murió en Santa Marta.

Guerra Federal de Venezuela

Jefe Revolucionario de Aragua

Valero de Bernabé permaneció en Santo Tomás durante un año. Reconociendo su carrera militar, el gobierno concedió una pensión a su familia. En 1831, el secretario interino de Gobernación, Antonio Leocadio Gúzmán, se le acercó con la intención de que denunciara a los venezolanos exiliados. En mayo, a Valero de Bernabé se le permitió regresar a Venezuela. Allí se reveló con Francisco Hernáiz, quien le extendió una invitación en nombre del gobierno para retomar el cargo militar. Aceptó la oferta, manteniéndose inicialmente alejado del panorama político cada vez más inestable. Cuando se propusieron los partidos liberal y conservador, Valero de Bernabé abandonó este retiro político para incorporarse a las filas del primero como uno de sus miembros fundadores.

Cuando el general Judas Tadeo Piñango se rebeló contra el gobierno de José Tadeo Monagas, a Valero de Bernabé se le asignó la tarea de oponerse a la insurrección. Derrotó al líder rebelde en la Acción de Taratara y le infligió heridas que luego resultarían letales. Por ello Valero de Bernabé fue ascendido al grado de general de división. Bajo el liberal Monagas, Valero de Bernabé se desempeñaría como Comandante de Armas tanto de Caracas como de Cumaná y también se desempeñó como Secretario de Guerra y Marina. Posteriormente se le asignó Jefe del Ejército del Centro y del Estado Aragua, cargo que ocupó hasta que el general Julián Castro encabezó un golpe de Estado que colocó a los conservadores al mando, renunciando inmediatamente. De allí partió hacia su hacienda en el Cantón San Sebastián. El nuevo gobierno arrestó a Valero de Bernabé y lo transportó a Caracas, pero finalmente le permitió irse. Regresó a su casa de La Victoria.

El 2 de julio de 1858, una revolución federal encabezada por los generales Zamora y Juan Crisóstomo Falcón tomó la provincia y nombró a Valero de Bernabé líder revolucionario del estado Aragua. Lideró la organización de fuerzas suficientes para oponerse a una incursión del gobierno, que pretendía retomar el control. En Boca Chica, Valero de Bernabé derrotó a las fuerzas centralistas. Sin embargo, los federalistas enfrentaron un contraataque que resultó en pérdidas en Tiznado y Gengibre. Cuando Valero de Bernabé dirigió sus fuerzas para unirse a las de Zamora, el general fue asesinado y reemplazado por Falcón menos preparado. Culpó de la pérdida de la revolución a la táctica empleada por este oficial, a quien acusó de no poseer más que "una valentía que podría haber sido imprudente" y de ignorar la preparación de las tropas y de no mantener una estructura adecuada en el Estado Mayor General, lo que resultó en una ineficiencia que trató de compensar imponiendo castigos injustos a sus oficiales. Como ejemplo de esto, Valero de Bernabé cita incidentes en los que Falcón detuvo la marcha del ejército revolucionario para "divertirse disparando a los monos aulladores" o montar una pelea improvisada entre dos toros.

Exilio en Colombia y muerte

Después de que la revolución se vio obligada a retroceder, Valero de Bernabé viajó hacia Colombia, atravesando un terreno que carecía de infraestructura y transporte. El 28 de marzo de 1860 llegó a Amparo, donde notó la presencia de soldados enemigos custodiando el edificio de la aduana. Luego de llegar Falcón, habló con el líder deshonrado y optó por cruzar el río. Valero de Bernabé viajó hacia Arauca, pero optó por no entrar en la localidad por su fama de bastión conservador. El 7 de abril de 1860 llegaron a El Veneno en Colombia, donde recibieron una cordial bienvenida. De allí, Valero de Bernabé partió hacia La Pastora, donde Ventura Melgarejo le ofreció un almuerzo con desdén, al considerar al individuo como una figura algo adinerada que aprovechó esto para "implantar una autoridad despótica". Sus fuerzas lograron cruzar el río Ele con la ayuda de los nativos del lugar, hacia El Trompito. Luego cruzaron el río Bravo, protegiéndose de otras tribus. Del otro lado, dieron algo de tabaco a los nativos y acamparon, temerosos de que pudieran robarles los caballos. Mientras se disponía a continuar la marcha, Valero de Bernabé advirtió que parte de su séquito se había marchado durante la noche, optando por seguir las huellas dejadas por un toro. El 12 de abril de 1860 llegaron a Betoye, donde se encontraron con algunos compañeros y donde descansaron en una mansión. Al día siguiente, Valero de Bernabé recibió una yegua del coronel Eulogio Aranguren y se reunió con Falcón. Marchando hacia Casenare, llegaron a Moreno cuatro días después, donde se reencontró con Falcón. Valero de Bernabé permaneció allí hasta el 9 de mayo de 1860, llegando a Meseta al día siguiente. A la mañana siguiente, mientras viajaba, su yegua resbaló de una pendiente y ambas cayeron, lo que lo obligó a continuar a pie. Al llegar a Labranza Grande, Valero de Bernabé cambió el animal herido por otro, continuando y haciendo breves paradas en Venta de Caicus. El 17 de mayo de 1860 cruzaron el Páramode San Ignacio y llegaron a Mongua, donde Valero de Bernabé visitó la Iglesia y se divirtió al reconocer la obra de Rousseau, D'Alambert y Voltaire entre la colección del cura. Al día siguiente llegaron al bastión liberal de Sogamoso, donde permaneció hasta el 30 de mayo, comentando posteriormente favorablemente su estancia allí. A Valero de Bernabé se le unieron el coronel Ferrero y el comandante Santos Mattey, quienes lo escoltaron hasta Tunja, donde se reunió con el presidente del estado, el comandante general y un médico que tenía una hija de la misma edad de Rosa, lo que le hizo sentir Nostálgico, optó por asistir a una misa en un convento y orar por la seguridad de su familia en Venezuela. Se realizó un baile en su honor al que asistió la nobleza local. El 3 de junio de 1860 partieron hacia Venta Quemada, desde donde viajaron hasta Venta del Sopé, última parada antes de llegar a la capital. En Bogotá, Valero de Bernabé alquiló una casa, donde fue visitado por Fructuoso del Castillo (ahora comandante del ejército colombiano), el general Pablo Durán, quien había recibido su ayuda como gobernador después de ser encarcelado en 1829, y varios de sus colegas. Valero de Bernabé comentó más tarde cómo lo recibió la aristocracia local, recibiendo visitas de una gran cantidad de personas, incluido el jefe de Negocios del Perú, coronel Francisco Selaya, la familia del general Codazi y Elvira de Yuleta, a quien había servido como padrino de matrimonio. Sin embargo, advirtió que la ubicación de la ciudad representaba un desafío para su desarrollo. El 21 de julio de 1860 Valero de Bernabé salió de Bogotá con la intención de acercarse a su familia. Al pasar por la Quinta de Fusca camino a Cúcuta, recordó su paso por Bolívar. Al llegar a su destino se reencontró con Hernáiz, de quien recibió una carta de su esposa. Valero de Bernabé también recibió una carta para el general Andrade, que negociaba un salvoconducto para él en territorio venezolano. Sin embargo, las reuniones que siguieron no dieron resultados, ya que el oficial se negó a tomar autoridad en el asunto. Desde allí escribió sobre el regreso de Páez, Ángel Quintero y las fallidas conversaciones de paz que siguieron.

Valero de Bernabé recibió un salvoconducto limitado del gobernador de Cúcuta, Ramón Palenzuela, que le permitió viajar a la casa de Táchira. Allí le escribió a Páez sobre su deseo de reunirse con su familia en Caracas, de lo que no recibió respuesta. Sin embargo, su hija Manuela le advirtió que no se arriesgara en el viaje, ya que le habían negado el pasaporte. El gobernador Bracho le informó que se habían dado órdenes para su exilio y propuso una declaración de lealtad a Páez y un compromiso de no involucrarse en la revolución reemergente, pero Valero de Bernabé se negó a hacerlo, considerando tal gesto " servil". En cambio, viajó a Maracaibo y se hospedó en la casa del general Urdaneta. Valero de Bernabé siguió siendo crítico con Páez, a quien consideraba "la causa primordial de todas las revoluciones [y] el mayor obstáculo [hacia] la prosperidad" y un "tirano hipócrita [y ambicioso]", y su política, cada vez más convencida de que su moderación durante el exilio había sido una farsa. Cuando se supo que Páez y varios funcionarios llegaban a Maracaibo, expresó desdén. Viajando hacia Cúcuta, Valero de Bernabé se enteró de que los liberales habían tomado Bogotá y que habían establecido el derecho de salario y pensión a los militares involucrados en las guerras de independencia. Ofreció sus servicios a las autoridades y recibió un pasaporte en honor a su rango que le permitió viajar a la capital. De camino hizo escala en la conservadora localidad de Málaga, donde fue recibido por el presidente Salgar, con quien no tuvo problemas pese a la diferencia de criterio. De allí viajó hacia Socorro, llegando a Chiquinquisá 14 días después tras atravesar un terreno accidentado. Luego de llegar a Bogotá, Valero de Bernabé se hospedó en el Hotel Tequendama, donde conoció a Antonio Leocadio Gúzmán y Nicolás Quevedo, visitando posteriormente al general Mosquera quien aceptó reincorporarlo al ejército colombiano simbolizado con la concesión de un uniforme, espada con cinturón de seda y casaca.. También le dieron los medios para asegurarse de que 100 pesos de sus ganancias fueran enviados a su familia. Mientras viajaba a Tunja, Valero de Bernabé recibió instrucciones del presidente de regresar a Bogotá y dejarlo a cargo de la ciudad en caso de conflicto. Recibió el apoyo de Mosquera durante su mandato y finalmente se jubiló a la edad de 72 años.

En abril de 1863, la Guerra Federal concluyó con la victoria de los federalistas. Valero de Bernabé falleció el 7 de junio de 1863, a las 23.00 horas. incapaz de reunirse con su familia en Venezuela. Al día siguiente recibió exequias con todos los honores militares. El 9 de junio de 1863 Valero de Bernabé fue enterrado en un cementerio local. Posteriormente su familia permaneció en Venezuela. Con el tiempo se perdió la ubicación exacta de su cuerpo, por falta de mantenimiento y su figura se salió de las tradiciones colombianas. Posteriormente el general Gúzmán Blanco ordenó que su cuerpo fuera trasladado al Panteón Nacional, pero no pudo hacerlo al no poder localizar su cuerpo.

Vida personal

Valero de Bernabé fue descrito como educado, "de tipo byroniano" y "poseedor de una cultura exquisita". El léxico aristocrático de Valero de Bernabé, su tendencia a usar uniformes limpios y sus costumbres manieristas y caballerosas contrastaban con el comportamiento menos formal tanto de Bolívar como de los demás oficiales, algo que jugó a su favor en Lima haciéndolo popular entre las mujeres.. Palma señala que a la edad de 37 años, era considerado "el tipo perfecto de mujeriego caballeroso". Tovar también abordó esta descripción, citando una "figura elegante, voz bien modulada [y] singular don de gentes", y señaló que "era gentil incluso con los miserables"; y "agradable hablar".

Valero de Bernabé era ventrílocuo. Palma escribió sobre esta habilidad en El Fraile y la Monja del Callao y Un ventrílocuo. En el primero, el autor narra un incidente donde Valero de Bernabé fue rodeado en un callejón mientras regresaba a Bellavista, ocultándose y usando su habilidad para proyectar gritos revolucionarios como si vinieran de los fusiles de los realistas, quienes fueron impactados y arrojados. las armas, creyendo que habían sido poseídas por un demonio, antes de huir para divertirse.

El general Luis Capella Toledo también escribió sobre la destreza en La Serrana de Anco citando un episodio donde una familia de Anco llegó al campamento de Valero de Bernabé en Bellavista, quien los escoltó de regreso hasta allí y proyectó su voz sobre el forraje para convencer a su hija de que regresara con su prometido allí. También empleaba esta habilidad para gastar bromas, como lo hizo cuando engañó al general Santa Cruz haciéndole creer que un camarón rogaba no ser comido, convenció a un comerciante de que los polluelos se quejaban dentro de huevos recién puestos y reprendió a un herbolario por golpear. su burro haciéndole creer que el animal le advertía sobre la venganza. A pesar de ser travieso, Valero de Bernabé solía explicar su habilidad a quienes engañaba.

Tovar describe sus ideas como "liberales" y "radical" sobre su definición del concepto de libertad, que el autor afirma ser capaz de difundir "elocuentemente", lo que le valió seguidores en Lima. También lo describe como "valiente y experimentado en el arte de la guerra" y afirma que mostró "astucia militar en varios ataques" durante su presencia en Perú. En referencia al incidente en el que Rodil ordenó la ejecución de quienes consideraba inútiles, lo cataloga como un ejemplo de "carácter observador, sentimiento humanitario y espiritualidad".

Al hablar de su oposición a Utúrbide y al exilio de Bolívar, el venezolano Vicente Dávila considera que éste es un rasgo recurrente de la personalidad de Valero de Bernabé, asumiendo que emanaba de "sus principios republicanos". Consideró este último evento como un "anillo de gloria en su hoja de servicio, que ahora exhibe sus méritos con orgullo". Valero de Bernabé criticó las recurrentes guerras civiles que tienen lugar en las naciones latinoamericanas emancipadas y las calificó de "cáncer". eso impidió que "los sistemas de gobiernos democráticos [alcanzaran alguna vez] la perfección", provocando en el proceso una enfermedad de cuestiones socioculturales.

Legado

En vida, Valero de Bernabé estableció logias en México y Perú. Las Memorias de Valero de Bernabé proporcionaron perspectivas de varias incursiones militares que eran diferentes de las recopiladas por los estudiosos de principios del siglo XX. Esta obra fue recopilada en varios libros, algunos de los cuales se perdieron o deterioraron por el paso del tiempo, y escritos en un tono sobrio que evitaba el autoengrandecimiento. Su relato de la batalla de Tuleda es uno de los pocos que cubre toda la cronología del evento, y posiblemente el único durante este período de tiempo. Asimismo, su relato de primera mano de la batalla de Zaragoza, que permaneció inédito durante 70 años, contrastaba con los trabajos del historiador que en aquella época dependían mayoritariamente de pastiches de diversas fuentes. El pasaporte con la firma falsa de Vives y la auténtica fueron conservados por su familia.

En 1874, el gobierno venezolano construyó un Panteón Nacional de los Padres Fundadores donde se colocarían los restos de sus héroes. El nombre de Valero de Bernabé está inscrito en el monumento pero sus restos, que nunca fueron localizados, no fueron depositados en el lugar. Puerto Rico también ha honrado la memoria de Valero de Bernabé poniendo su nombre en una escuela y una avenida. También hay una estatua de Valero de Bernabé en la ciudad de Fajardo, su ciudad natal.

Durante la década de 1920, su hijo José Valero Lara colaboró en la recuperación de varios documentos del Archivo Nacional de Caracas y publicaciones aportadas por el archivero Vicente Dávila, en particular el libro Investigaciones históricas, lo que permitió realizar un trabajo biográfico. Será publicado por Mariano Abril.

Su llegada directa al Perú desde México generó cierta confusión entre los historiadores peruanos sobre su origen real, incluido Enrique C. Tovar, quien publicó un panfleto al que se le atribuyó la popularización de su figura más allá de los círculos académicos. En él, este autor describe a Valero de Bernabé como poseedor de "fuerte influencia entre las tropas", describiendo que la "batería de Valero" había estado entre los más eficientes contra Rodil. El autor también argumentó que se le podría considerar un "libertador de ambas Españas".

En la década de 1970, esta idea errónea se había repetido en el Diccionario hispano-americano. Eduardo Posada, exsecretario de la Academia Histórica Nacional de Colombia, consideró a Valero de Bernabé un prócer (término español similar a "héroe nacional"), lamentando que su nombre no hubiera sido tan recordado como las de otros "hombres nobles y desinteresados [que llegaron a Colombia] durante los heroicos días de la Independencia". Al escribir sobre el asedio de El Callao, el peruano Ricardo Palma escribió que "valía por su inteligencia, coraje, actividad y preparación casi tanto como un ejército", describiéndolo como un "león desatado". 34; en el campo de batalla.

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